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LEYENDAS DE CUENCA

Leyendas De Cuenca

Leyendas De Cuenca

Cuenca es una ciudad que enamora a primera vista. Las casas colgadas suspendidas sobre un abismo, los callejones estrechos, la luz dorada del atardecer… y, detrás de todo eso, una colección de leyendas que parece sacada de un libro de misterio medieval.

Es por eso que hoy nos dimos a la tarea de recopilar las leyendas de Cuenca más populares. Así que prepárate: apaga las luces, enciende el fuego, y empezamos.

1. Las Brujas de Mangana: Una de las leyendas de Cuenca más aterradora

Leyenda de las Brujas de Mangana en Cuenca

Leyenda de las Brujas de Mangana en Cuenca

Cuenca siempre ha sido un lugar de historias, pero pocas leyendas de Cuenca se comparan al terror que se vivió a comienzos del siglo XVII en el Barrio de Mangana, donde hoy se levanta la torre que marca el tiempo para toda la ciudad.

Lo que se dice que ocurrió es de esas historias que hacen que uno mire dos veces hacia atrás cuando camina al anochecer.

Todo empezó en septiembre, cuando los vecinos del barrio empezaron a escuchar gritos extraños en la explanada de la torre y la antigua iglesia de Santa María. Eran voces de mujeres, susurros en idiomas desconocidos, rezos perturbadores y una palabra que muchos vecinos juraron haber oído más de una vez: “Satán”.

Un joven llamado Julián, valiente y temerario, decidió acercarse una noche para descubrir qué estaba pasando. Lo que vio lo marcó de por vida: un grupo de mujeres vestidas de negro, bailando en círculo alrededor de una hoguera y golpeando el suelo al ritmo de palabras incomprensibles.

Antes de que pudiera reaccionar, una de ellas lo descubrió. Lanzó un objeto que brilló como un relámpago y Julián perdió el sentido. Al abrir los ojos, amanecía y estaba tirado en la puerta de su casa. Sin saber cómo había llegado allí.

A partir de entonces, el barrio entró en pánico. No había noche en que alguien no afirmara ver o escuchar a las brujas rondando por Mangana. Las familias cerraban puertas y ventanas antes del atardecer. Nadie quería ser el siguiente.

Pero la situación no tardó en empeorar.

Una noche, sus gritos fueron tan aterradores que se escucharon por todo el barrio. Las brujas golpeaban puertas y ventanas, y el terror fue tan extremo que, según cuenta la leyenda, dos mujeres embarazadas del barrio abortaron del susto. A la mañana siguiente, los vecinos encontraron todos los animales de los corrales muertos.

El clima de miedo llegó hasta la Santa Inquisición, que envió agentes para investigar. Encontraron mujeres que hacían pociones, quitaban mal de ojo o realizaban hechizos amorosos. Pero cuando fueron a interrogarlas… habían desaparecido sin dejar rastro.

Durante semanas reinó la calma, pero el horror regresó. En una granja de la Hoz del Huécar, un padre y sus hijos fueron derribados por sombras de cinco mujeres que aparecieron repentinamente tras abrirse las puertas del establo.

Y una semana después, bajo la luna llena, los vecinos aseguran haber visto una bandada de brujas sobrevolando Mangana, riéndose con un sonido que nadie olvidó jamás.

Los sucesos siguieron multiplicándose, hasta que un día, sin más, todo paró. Y las brujas de Mangana dejaron de aparecer.

2. La Casa de la Sirena: La más romántica de las leyendas de Cuenca

La Casa de la Sirena

La Casa de la Sirena. Foto de Yendo por la vida.

La siguiente de las leyendas de Cuenca sucede en uno de los rincones más emblemáticos de Cuenca: las Casas Colgadas y la Hoz del Huécar. Allí vivió Catalina, protagonista de una de las historias más tristes de la ciudad.

Todo ocurrió en el siglo XIV, cuando el infante Enrique de Trastámara llegó a Cuenca para agradecer a sus habitantes su apoyo en la guerra contra su hermano, el temido Pedro “El Cruel”. Durante su estancia, Enrique vio a una joven llamada Catalina y quedó completamente enamorado.

La familia de ella pasaba por apuros, así que, ante la promesa de dinero y bienes, el padre permitió que Enrique cortejara a su hija. El amor fue creciendo y Catalina quedó embarazada. Pero Enrique tuvo que marcharse por asuntos de guerra y, antes de irse, ordenó que Catalina permaneciera oculta, junto con el hijo que esperaba, para evitar escándalos.

El destino dio un giro inesperado: Enrique mató a su hermano y se convirtió en Enrique II de Castilla. Se casó con Doña Juana, tuvo un hijo legítimo olvidando a Catalina y al niño que aún no conocía.

Hasta que una noche, disfrazado de campesino, visitó a un hechicero que le dijo una frase que le heló la sangre: “Tienes la mano manchada de sangre de tu hermano… y lo mismo puede pasarte con tu propio hijo.”

Aterrorizado ante la idea de que su hijo bastardo pudiera repetir la historia, Enrique decidió acabar con él. Envió a sus hombres a Cuenca que, en una noche gélida, irrumpieron en la casa donde Catalina vivía recluida y arrebataron al pequeño Gonzalo de sus brazos.

Catalina gritó, suplicó y trató de aferrarse a su hijo, pero fue inútil. Sus lamentos resonaron durante días en la hoz. Hasta que una noche, consumida por la desesperación, Catalina se lanzó al vacío, cayendo hacia el río con un último grito que muchos compararon con el canto triste de una sirena.

Desde entonces se dice que, en las noches frías de invierno, en la Hoz del Huécar todavía se escucha su lamento.  La casa donde ocurrió la tragedia se conoce hoy como la Casa de la Sirena, parte de las míticas Casas Colgadas. Allí, algunos visitantes aseguran haber oído, incluso ahora, un murmullo en el viento que baja desde la hoz.

3. La Cruz del Diablo: La última de las leyendas de Cuenca que debes conocer

leyendas de Cuenca

Cruz del Diablo. Foto de El Digital de Cuenca.

Quizás la más famosa de las leyendas de Cuenca sea la Cruz del Diablo, también conocida como “La Cruz del Convertido”. Una historia tan arraigada que incluso hoy existe un bar que lleva su nombre y que durante muchos años se representó cada 1 de noviembre en el mismo escenario de los hechos.

El protagonista es Diego, un joven del siglo XVIII, hijo del Oidor de la ciudad. Apuesto, atrevido y mujeriego, Diego tenía fama de conquistar a todas las muchachas que le gustaban y luego desaparecer sin dar explicaciones.

Hasta que llegó Diana. Una joven bellísima, tan perfecta que parecía salida de otro mundo. Diego quedó enamorado y la cortejó durante semanas, pero ella solo le ofrecía amistad. Hasta que, un día, recibió de Diana un mensaje que le encendió el alma: “Te espero en la puerta de las Angustias. Seré tuya en la noche de difuntos.”

Diego pasó el día entero en vela, nervioso, imaginando lo que ocurriría. Para cuando cayó la noche, una tormenta feroz sacudía Cuenca, pero aun así acudió al encuentro. Y allí estaba Diana, con un vestido brillante, esperándolo bajo la lluvia.

Se besaron con pasión, ajenos a la tormenta. Todo era perfecto, hasta que Diego deslizó sus manos bajo las faldas de la joven. Lo que encontró no fueron piernas humanas, sino patas de macho cabrío.

Horrorizado, salió corriendo mientras Diana (que era un diablo) lo perseguía lanzando carcajadas que retumbaban por los callejones. Diego corría sin mirar atrás, hasta que llegó al atrio del Convento de los Franciscanos Descalzos. Allí, desesperado, se agarró a una cruz de piedra.

Justo en ese instante, el diablo lanzó un zarpazo que golpeó la cruz, dejando una marca profunda en la piedra. Y, con un relámpago, desapareció. Al día siguiente, Diego ingresó en el convento, arrepentido y cambiado. La cruz, con la marca del demonio, puede verse todavía hoy.

Algunos cuentan otra versión, más oscura: cuando Diego tocó la cruz, su mano quedó petrificada, atrapada para siempre, como símbolo de que el infierno ya lo había reclamado. Sea cual sea la versión, la Cruz del Diablo es una de esas leyendas de Cuenca que no se olvidan.

Bonus: La leyenda del mejor restaurante en Cuenca

Fachada restaurante Abrasador Finca Embid Cuenca

Fachada Abrasador Finca Embid

Cuenta la leyenda que en Abrasador Finca Embid se encuentran los mejores cortes de carne, ternera añoja y cerdo ibérico a la parrilla. Dicen que aquí, están sabores que te hacen viajar al pasado y vivir las tradiciones locales en cada bocado.

Se escucha por los callejones que los mejores recuerdos se crean con una copa de vino y una buena cena en Abrasador Finca Embid, pero ¡Eso es lo que cuentan! Aunque… Quizás tú podrías comprobarlo ¿Reservamos una mesa?